lunes, 15 de enero de 2024

FORDMANÍA 2

MOGAMBO (1953) de John Ford
 

       
A principios de los cincuenta, John Ford dirige esta obra maestra, injustamente considerada película de aventuras, cuyo verdadero eje central lo constituyen las peripecias amorosas del trío protagonista, un triángulo amoroso en el que una aventurera se enamora de un cazador de fieras, que a su vez se enamora de una mujer casada, que se enamora de él ante las narices de su inocente y enamorado marido. Ford aportó a este proyecto de encargo su particular visión sobre la escasa importancia que tienen las pasiones humanas frente a los amores tradicionales, basados en un profundo vínculo emocional de cariño, paciencia y respeto mutuo.
     
       Víctor Marswell (Clark Gable), cazador americano, regenta un negocio en África de safaris y caza de animales, en compañía de su amigo Brown-Pryce (Philip Stainton) y del desagradable y borrachuzo Boltchak (Eric Pohlmann). Cuando la aventurera Eloise Kelly (Ava Gardner) aterriza allí, plantada por el maharajá de Bangalore, Víctor se ve obligado a acogerla una semana hasta la llegada del siguiente barco. Aunque al principio, Kelly y Víctor no se llevan bien, a lo largo de la semana, llegan a entenderse e incluso inician un romance en el que ella se enamora sinceramente de él. Pero, no siendo correspondida, Víctor se deshace de ella al llegar el barco. Kelly parte con el corazón destrozado mientras él da la bienvenida al matrimonio Nordley, formado por el investigador Donald Nordley (Donald Sinden) y su joven esposa Linda (Grace Kelly), que pretenden hacer una expedición por el peligroso territorio de los gorilas. Nada más llegar, Donald sufre una ligera indisposición, durante la cual, Víctor y Linda se enamoran. El inesperado regreso de Kelly al campamento contraría a Víctor y sobre todo a Linda, poco acostumbrada a tratar con mujeres tan liberadas y atrevidas como ella. Kelly, al percibir la mutua atracción que existe entre el cazador y la dama, oculta su sufrimiento con ironía y sarcasmo. El propio Brown-Pryce, que también se ha dado cuenta, trata sin éxito de hacer desistir a su amigo de la Sra. Nordley. De manera que, durante el safari, Víctor y Linda coquetean de forma sutil mientras Donald, demasiado fascinado por la naturaleza africana, es el único en ignorar lo que está pasando. Al llegar a territorio Samburu, Kelly, dispuesta a cambiar de vida, se confiesa con el padre José (Denis O’Dea) y advierte a Linda que está poniendo su matrimoio en peligro por un hombre que no lo merece. Una vez instalado el campamento en el territorio de los gorilas, Linda y Víctor dan rienda suelta a su pasión mientras Donald, pese a estar concentrado en su investigación, comienza a notar que algo le ocurre a su mujer. Atormentados por la culpa, los amantes deciden confesar la verdad al marido. Sin embargo, llegado el momento, Víctor es incapaz de destrozarle el corazón a Donald y se emborracha para romper con Linda. Kelly apoya la nobleza de Víctor emborrachándose con él. Cuando Linda les descubre en ese estado se siente tan humillada que dispara contra Víctor hiriéndole sin consecuencias. Donald y Brown-Pryce acuden alertados por el disparo y Kelly improvisa una historia de acoso salvando la reputación de Linda ante su marido. Cuando los Nordley se marchan, Víctor trata de retener a Kelly a su lado, pero ella ya no es la misma aventurera que llegó a África.


       Ford eterno defensor de la familia, entendida como ese espacio emocional en el que los seres humanos aprenden el valor de apoyarse y cuidarse los unos a los otros, antepone en el film las relaciones matrimoniales, a las locas e irrefrenables pasiones románticas. El escenario de la salvaje selva africana, alejada de toda civilización, ambienta y justifica esa tendencia del trío protagonista a abandonarse a los propios impulsos sexuales, sin pensar en las consecuencias. Los personajes de Mogambo se debaten entre sus deseos más primitivos, sus ideales amorosos y la moral impuesta por la sociedad, para terminar persiguiendo la felicidad en el lugar equivocado. Sin embargo, siendo una película de Ford, todos serán capaces de redimirse al sacrificarse en pos de la preservación de la familia, institución enormemente frágil y pilar de toda comunidad.

       Aunque Ford aceptó esta película para poder visitar África, nunca lo hubiera hecho si no le hubiera interesado un guión lleno de humor, tolerancia y camaradería, tres elementos presentes en toda su filmografía. Era una época en la que los estudios abogaban por los remakes en color de sus éxitos en blanco y negro. En el caso de Mogambo, se trataba de renovar el film de Víctor Fleming Tierra de pasión (1932), una de las últimas películas que pudo saltarse el recién implantado Código Hays. Ambas películas compartían, no sólo a Clark Gable como el objetico romántico de dos mujeres antagónicas, sino también a John Lee Mahin como guionista adaptador de la obra de Wilson Collison, en que se basaban ambos films. El éxito de Mogambo, con una original banda sonora de música étnica grabada íntegramente en el Congo, superó con creces al de la obra teatral de Collison, que había sido un fracaso en los escenarios.

    
       En su manera de hacer cine, Ford siempre prefirió crear emociones a través de los sentimientos y las relaciones de los personajes, en lugar de recurrir a la técnica cinematográfica. Aún así, en Mogambo creó unos planos de gran belleza, con una composición de colores y formas capaces de ambientar los diferentes estados de ánimo de sus protagonistas, siempre en consonancia con la naturaleza. La historia de la película es una historia de personajes, confusos a causa de sus emociones, que se relacionan entre sí en un lugar salvaje, en el que terminan descubriéndose a sí mismos y comprendiendo a los demás. Ford daba tanta importancia a los personajes, que solía introducirlos sin preámbulos: Al cazador, cazando; a la aventurera, tomando una ducha desnuda al aire libre y al matrimonio, iniciando ilusionados una aventura por África.


       El vértice que siembra la discordia en el triángulo amoroso es el personaje interpretado por un maduro Clark Gable, que encarna en el film la típica exaltación fordiana de la masculinidad de la época, el héroe solitario, malhumorado y de rudas maneras, siempre dispuesto a entregarse a conquistas, borracheras y peleas. El mérito del actor fue salir airoso al repetir este personaje de Casanova aventurero cuando ya había pasado de los cincuenta y, hacerlo, sin caer en el más espantoso ridículo, con un personaje que en ocasiones más que parecer duro resulta gruñón y antipático. Sea como fuere Gable logra hacer que Marswell sea creíble, quizás porque sus maneras de gran estrella ante la cámara, su clásica sonrisa canalla frunciendo el entrecejo y los arrebatos indómitos de su personaje, le hacen parecer más atractivo de lo que es en realidad.


       «Kelly: Qué bonito está el río a la luz de la luna… (Víctor la agarra y la besa apasionadamente) Qué impulsivo, Sr. Marswell… El clima de África les hace ir muy deprisa.
       Víctor: Si le molesta, la dejo.
       Kelly: ¿Conque es capaz de ser amable y atento cuando quiere?
       Víctor: No se ilusione, puede equivocarse.»

       Pero aunque Víctor Marswell, cazador de animales y mujeres, pueda ser el protagonista de la película de aventuras que representa Mogambo, no lo es en absoluto de la historia amorosa que convierte esta película en obra maestra y de la que Marswell no es más que un mero comparsa en manos de las dos mujeres protagonistas que se lo disputan, Eloise Kelly y Linda Nordley. Esta rivalidad entre la aventurera y la dama constituye sin duda lo más interesante de esta historia de adulterio femenino, que escandalizó tanto a la censura franquista que prefirió eliminarlo  transformando al matrimonio Nordley en hermano —, aunque con ello hiciera planear la sombra del incesto sobre la película.


       Kelly, bohemia y vividora, es presentada por Ford con unas cualidades humanas de generosidad, sinceridad y compasión que la sitúan muy por encima de Linda, la dama elegante y culta que encarna el concepto de virtud femenina, pero que es arrogante, clasista e hipócrita. Linda se siente moralmente superior a Kelly, a la que desprecia por su absoluta falta de recato y por su frivolidad a la hora de hablar de los hombres. Por el contrario, Kelly comprende la debilidad de Linda y sabe reconocer en ella a ese tipo de mujer capaz de conseguir que los hombres hagan todo lo que desea.

       «Kelly: Oye, vaya chavala la rubia, es estupenda. De esas a las que los hombres les dais los planos de la mina.»

       La misma Linda reconoce con orgullo el poder que siempre ha tenido sobre su marido.

       «Linda: Donald es un marido que se ha creído todo lo que le he dicho desde que tenía cinco años.»

       La pasión que ambas sienten por Víctor, vuelve más humilde y taciturna a la alegre y descarada Kelly mientras que a Linda la vuelve más altiva e irritable. Y asimismo, el desengaño sufrido por ambas conduce a Kelly a la redención de una vida llena de excesos mientras que produce en Linda una violencia histérica, fruto de la incapacidad de su orgullo para sufrir la humillación de ser despreciada por el hombre al que ha entregado su amor y su reputación.

       Mogambo denuncia el modo en que las mujeres se veían obligadas a reprimir, disimular y negar sus pasiones, si no querían verse despreciadas por la sociedad. La fama de una mujer podía marcar en los años cincuenta la diferencia entre ser tratada con respeto o convertirse en una marginada social. Kelly, una mujer liberada sexualmente, sabe que ha perdido su reputación pero no se avergüenza y se muestra desafiante ante cualquiera que trate de juzgarla. Sin embargo, Linda no tiene el temperamento de Kelly, para ella perder la estimación de los demás supone una humillación demasiado dolorosa, por ello siente pánico ante la idea de que su adulterio salga a la luz.

       «Kelly: No se preocupe por mí, aunque me revolcara por el suelo, no podría perder más de lo que he perdido. Es a usted a quién hay que salvar. Compréndalo, no es un caballero, andante y romántico, es una boa constrictor en forma humana.»


       La pasión es simbolizada en el film por los animales salvajes que rodean a los 
personajes. Linda se encuentra con dos fieras en el transcurso de su aventura africana; primero, la pantera negra que la acecha cuando se pierde en la selva y más adelante, un joven gorila macho que se pone violento cuando su marido Donald trata de grabarlo. La reacción de Linda frente a estos animales es paralizarse y gritar de puro pavor pidiendo ayuda. La pasión sexual que Linda siente por Víctor la asusta tanto como estos animales, porque es tan incontrolable y peligrosa como ellos, lo que la convierte en presa fácil para el experto cazador. Por el contrario, Kelly se siente cómoda entre los animales de la selva, no siente por ellos ningún temor, incluso trata de hacer buenas migas con ellos.

       «Víctor: ¡Eh, Kelly, apártese del chimpancé! ¡Y haga el favor de no darle chicle!
       Kelly: ¿Es que no puedo hacer amistades en este palacio?
       Víctor: ¿Amistad con ese mono? Es capaz de arrancarle el dedo de un mordisco.
       Kelly: Pero si parece completamente…
       Víctor: Se lo advierto, tenga cuidado. Parece inofensivo, pero si sus dientes hacen presa en usted, no hay quien la libre.»


       Cuando un guepardo se cuela por la noche en su tienda, ella no grita ni se queda paralizada sino que espera con precaución a que el guepardo salga de su tienda tranquilamente. Y es que para Kelly la pasión es algo natural, la conoce bien y le inspira respeto, pero no miedo. Por su parte, Víctor es presentado como un animal más de la selva, idéntico a las fieras salvajes que colecciona y con las que se puede decir que se identifica. Se enfrenta a ellas en una batalla de iguales, mirándolas fijamente, sin dejar de apuntarlas con su arma hasta someterlas. Y con las mujeres se comporta igual, las domina físicamente, enseñándoles quién manda y luego se deshace de ellas cuando ya no le interesan. El joven gorila macho simboliza la pasión sexual de Víctor, por eso el mismo Víctor tiene que sacrificar al animal cuando va a atacar a Donald, el marido honesto y bueno. Víctor asesina su pasión por Linda, lo mismo que asesina al gorila, para proteger al leal marido, que forma con Linda una unidad familiar que todos los personajes del film terminan protegiendo.

       «Donald: Gracias, Víctor, me ha salvado la vida.
       Víctor: No creerá que lo tenía planeado, ¿verdad? Lo último que hubiera deseado es matar este animal.»


       De nuevo, la eterna búsqueda de una familia prevalece en el cine de Ford como meta inconsciente de cada personaje. Kelly ha estado a la deriva desde que perdió a su marido en el frente. Tratando de regresar al seno familiar por caminos equivocados, creyó haber encontrado en Víctor Marswell lo que andaba buscando. Sin embargo, al ser rechazada por éste, Kelly decide emprender una nueva vida, en la que poder ser respetada por los hombres.


       Linda, casada con su amigo de la infancia, ha olvidado su amor por él cegada por una salvaje y turbadora pasión a la que ha tratado de resistirse inútilmente. Grace Kelly supo ilustrar con una emotiva y temblorosa interpretación la inexperiencia e ingenuidad de Linda ante el deseo sexual. Ella sufre unos terribles remordimientos por traicionar a Donald, pero no puede resistirse a lo que siente por Víctor, porque nunca había sentido nada igual. Grace Kelly nos transmite con gran sensibilidad el enorme sufrimiento psicológico y emocional al que está sometido su personaje, reflejando en su hermoso rostro todo un desfile de sentimientos encontrados, dolor, dicha, pasión y celos. La forma en que Grace Kelly escenifica esa rabia infinita casi histérica, con la que Linda reacciona al sentirse menospreciada por Víctor, bastan para justificar su nominación al Oscar, pero lo que la hizo ganar el Globo de oro, sin duda fue la manera en la que logró que la pasión sexual de Linda por Víctor desbordara la pantalla a través de sus ojos en llamas, sin necesidad de pronunciar una sola palabra.


       Por último, también el solitario Víctor necesita una familia, aunque no quiera reconocerlo ante sí mismo.

       «Linda: ¿Ha estado usted casado, Sr. Marswell?
       Víctor: No. No tuve la suerte de encontrar una mujer a quién le interesara.
       Linda: Esa podría ser la respuesta de un cínico.
       Víctor: ¿Por qué habría de ser cínico? Aporto mi contribución a esta comunidad revuelta que es el mundo. ¿Qué debo esperar?
       Linda: Esa podría ser la respuesta de un solitario.
       Víctor. Es posible.»

       En realidad, Víctor, a pesar de sentir una considerable simpatía y atracción hacia Kelly, no la contempla como opción para formar una familia por considerar que no está a la altura de un vínculo semejante.

       «Víctor: Je, es una actriz barata, Brown-Pryce, las he visto en Londres, París, Roma… Empiezan en un cabaret de mala muerte y acaban en cualquier sitio cuando son viejas. No hay ni una pizca de honestidad en ella.»

       Por el contrario, al conocer a Linda, se convence de que ella es lo que ha estado buscando toda su vida.

       «Víctor: … porque no está usted enamorada de su marido…
       Linda: ¡Cállese!
       Víctor: Aunque lo dijera esta tarde en el coche. Y yo sé por qué lo dijo.
       Linda: Lo dije porque es cierto, estoy enamorada de Donald.
       Víctor: Me preguntó que por qué no me había casado, puede que usted sea la respuesta, Linda.»


       Sin embargo, para Ford, Marswell sólo es un elemento de desarmonía que amenaza el matrimonio de los Nordley. En realidad, Víctor se enamora de Linda porque representa su ideal de mujer, está tan confundido que incluso por primera vez se plantea formar una familia; pero comprende a tiempo que Linda ya tiene una familia: Donald, el confiado marido que siente una tierna devoción por su esposa, un hombre bueno que no merece una traición y al que todos compadecen. El actor Donald Sinden lo interpreta con tanta inocencia que resulta incómodo considerar el desengaño tan tremendo que va a llevarse al descubrir la verdad. El público casi llega a desear que la descubra y abra los ojos de una maldita vez. Pero Ford se apiada de su bondad y opta por dejar intacta su inocencia, que tampoco es tan grande como para llegar al extremo de no apreciar el atractivo sexual y la simpatía de Kelly.

       «Donald: Esa Kelly es una chica muy distinta de las que solemos tratar. Tiene sentido del humor, me agrada. Aunque está perfectamente claro, desde luego.
       Linda: ¿El qué?
       Donald: Pues que había algo entre ella y Víctor antes de nuestra llegada. Somos los malos de la comedia, les hemos estropeado el plan. Yo la comprendo a ella, Víctor es un tipo muy atractivo.»

       Ford siempre sintió predilección por las mujeres fuertes, cuya dignidad siempre exaltaba en su cine, mujeres capaces de afrontar el peligro y las penalidades con total entereza. Kelly es un claro ejemplo de la mujer fordiana por excelencia, una mujer dura y con clase, que disimula su sufrimiento con un divertido y afilado sentido del humor que la ayuda a mantener la cabeza bien alta frente al desprecio de los demás.


       «Kelly: ¿Quieres convertirme en una mujer honesta?
       Víctor: Me gustaría, Kelly.
       Kelly: ¡Me gustaría! Oye, camarada, tú y tus cambios de humor no me cubrirán de flores de azahar sólo porque llega el frío del invierno. ¡No, gracias! Seré como soy, pero donde nadie me eche nada en cara. »

       El personaje de Kelly podríamos decir que delata un inesperado feminismo en Ford, al que siempre se acusó de cierta misoginia, y lo hace además con las frases más irónicas y el humor más corrosivo del guión. Ava Gardner encarna a esta mujer de carácter con una naturalidad, una pasión y una gracia que llenan la pantalla convirtiendo a su personaje en el más sobresaliente del film. La actriz refleja en su mirada el dolor de Kelly al verse siempre utilizada sexualmente por hombres que son incapaces de tomarla en serio, pero lo hace con un aplomo y una ironía que se ganan el corazón del espectador. La frescura y el desparpajo con los que Gardner se expresa físicamente crean la ilusión de que Kelly es tan natural y salvaje como el leopardo cazado por Víctor que viaja en el barco con ella rumbo a la civilización.

Ford rueda a la Gardner caminando 
por la cubierta del barco de un lado a otro, lo mismo que el leopardo dentro de su jaula, nerviosa y magnética a un tiempo. Ninguno de los dos está en ese barco por decisión propia, los dos han sido expulsados por Víctor y de alguna manera los dos han caído en su trampa. Pero incluso cuando Marswell la rechaza, hay un coraje y un orgullo dentro de Kelly —que Ava Gardner encarna de forma admirable— que nos garantiza que ella saldrá adelante. Quizás por esa fortaleza que emana de Kelly es por lo que la interpretación de Ava Gardner resulta tan conmovedora en los momentos en los que su personaje se derrumba y la vemos llorar, pero eso sí, siempre llena de rabia. Pero lo que realmente nos conquista de ella es su generosa humanidad, capaz de comprender a los demás hasta el extremo de ofrecer su amistad y apoyo a su rival, en un momento en que ya se siente vencida e incluso despreciada por ella. Y lo hace para proteger la familia que tiene con su marido y que Víctor está amenazando.

       «Kelly: Por favor… Nosotras no podemos engañarnos. Quiero hablarla como amiga y la única forma en que sé hacerlo es diciéndole que la comprendo. Es un granuja muy guapo y atractivo…
       Linda: Kelly, se lo ruego, perdóneme, tengo que hacer el equipaje.
       Kelly: De acuerdo, ya está; pero no pierda la cabeza. Usted lo tiene todo en la vida. Es usted bonita, muy distinguida y tiene un marido estupendo.
       Linda: Estoy pensando, Srta. Kelly, que todos estos consejos suyos son porque conoce al Sr. Marswell algo más íntimamente que yo.
       Kelly: Está más colada de lo que creía…»

       Precisamente, será esta generosidad de Kelly la que convenza a Víctor de que Kelly es más valiosa y más digna de su amor de lo que él había creído. Aunque a esa altura del metraje, todo el mundo se ha dado cuenta ya de que es Víctor quien no es digno de Kelly. Pero, claro, la moral de los años cincuenta tenía que condenar la liberalidad sexual de Kelly y la vida frívola a la que se había entregado desde la pérdida de su marido, es por ello que Ford para redimirla necesitaba mostrarla arrepentida y confesando sus pecados ante un sacerdote, como si en una mujer no fuera lícito tratar de sobrevivir a toda costa. Víctor también se redime al renunciar a Linda para no destrozar una familia, pero, en su caso, no hace falta una confesión ni un sacerdote, basta con emborracharse y encajar un disparo, como los machos. Discriminaciones sexistas aparte, para una mujer resulta espléndido ver a Kelly hacerse valer ante Víctor, después de que él se haya pasado toda la película menospreciándola.

       «Víctor: Oye, me voy a quedar aquí unos días, a ver si atrapo un par de gorilas jóvenes que compensen del viaje. ¿Por qué no te quedas conmigo?
       Kelly: ¿Para qué?
       Víctor: Bueno, después, quizás podríamos…
       Kelly (Riendo con ironía): No, ni tú ni nadie volverá a darme un chapuzón para ponerme a secar.»

       Por suerte, ha estado Brown-Pryce para mostrarnos que no todos los hombres son tan obtusos como Víctor Marswell y que, en efecto, John Ford tenía algo de feminista dentro de esa apariencia de hombre duro y conservador.
       «Kelly: Gracias, Brown-Pryce, ha sido usted muy amable.
       Brown-Pryce: Y usted es una gran chica, mis Kelly.
       Kelly: No crea que no le comprendo, yo sería un estorbo para su negocio.
       Brown-Pryce: A veces hay quien no ve un árbol, porque se lo tapa el bosque.
       Kelly: Y algún día, tropezará con el árbol que no es y se romperá la nariz. Cuídese, amigo Brown-Pryce. Y a él también. »

       Cuando Kelly pide a Brown-Pryce que cuide de Víctor demuestra sentir hacia él una responsabilidad afectiva que la hace desear su bienestar por encima de todo. Ford de forma harto inteligente, e incluso poética, vuelve a usar al final del film esta muestra de responsabilidad afectiva cuando Víctor pide a Brown-Pryce que cuide de Kelly, demostrando así que comienza a sentir algo más que atracción sexual por ella.

       En el cine de Ford es habitual encontrar parejas con carácter, como la formada por Kelly y Víctor. De ese modo, el conservador director reflejaba la conveniencia de formar pareja con alguien perteneciente a la misma clase social, con los mismos gustos y aficiones, para garantizar que la relación perdure. Ford nos presenta a Kelly y a Víctor como dos personas muy parecidas, desde el explosivo momento en que se conocen: los dos tienen un temperamento fuerte, los dos gritan y los dos son impertinentes llegando a resultar casi vulgares. Son tan parecidos que no pueden evitar odiarse, amarse o ambas cosas.

       «Kelly: ¡Escuche, amigo, no tiene usted por qué gritarme! Soy yo quién ha venido desde Nueva York a este lugar inmundo, al continente negro, donde me esperaba un hombre con una linterna.
       Víctor: Oiga, le aconsejo que no malgaste sus energías y que se vista. Le daré una habitación para usted sola.
       Kelly: Espere, ¿no… no podría proporcionarme una canoa, un camión o unos patines, algo para salir de aquí?
       Víctor: Este territorio no se puede atravesar de ninguna manera, así que tendrá que esperar el barco de la próxima semana.
       Kelly: Entonces, ¿no hay forma de largarse?
       Víctor: ¡No! ¡Y vaya a vestirse si no quiere que la lleve desnuda!
       Kelly: Uh… Qué tío… Vaya una semanita que me espera.»

       Si bien es cierto que, en Mogambo, Ford defiende la importancia de proteger y salvaguardar el amor conyugal frente al deseo, el verdadero mérito del director consiste en atreverse a mostrar la pasión sexual femenina sin condenarla, aceptando que las pulsiones sexuales son algo natural en cualquier ser humano adulto. Ni Kelly ni Linda son unas depravadas, son solo dos mujeres —con sus virtudes y defectos— reaccionando de forma natural ante un hombre más atractivo de lo normal.

sábado, 4 de noviembre de 2023

FORDMANÍA 1

LA DILIGENCIA (1939) de John Ford
     

       Después de trece años sin dirigir un western, Ford aborda su primer western sonoro y logra revitalizar el género haciéndolo evolucionar hacia una espléndida madurez, con la que sienta las bases del western moderno.
    
       En 1875, la diligencia era el único medio de transporte en la salvaje frontera de Arizona, donde Gerónimo, líder de los apaches, combatía al hombre blanco. A pesar de su amenaza, la diligencia con destino a Lordsburg decide continuar su viaje escoltada por el ejército. El comisario Curly Wilcox (George Bancroft) se une al cochero Buck (Andy Devine) como guardia armado con la intención de detener a Ringo Kid (John Wayne), preso fugado de la cárcel que se dirige a Lordsburg para vengar a su familia, asesinada por Luke Plummer (Tom Tyler). La Liga de las Damas en favor de la Ley y el Orden obligan a la prostituta Dallas (Claire Trevor) y al borrachuzo Doc Boone (Thomas Mitchell) a abandonar la ciudad en la diligencia. Por su parte, el Sr. Hatfield (John Carradine), caballero del sur convertido en tahúr, decide tomar la diligencia para ofrecer su protección a la Sra. Lucy Mallory (Louise Platt), que viaja para reunirse con su marido. Completa el grupo de viajeros Samuel Peacock (Donald Meek), comerciante de licores con aspecto de reverendo. En las afueras de la ciudad, el banquero Gatewood (Berton Churchill) toma la diligencia para huir llevándose consigo la nómina de los mineros. Por último, Ringo Kid, habiendo perdido su caballo, detiene la diligencia y es apresado por Curly, para impedir que se enfrente a Luke Plummer. Nada más iniciarse el viaje, se producen los primeros enfrentamientos entre los pasajeros a causa de sus diferencias políticas y sociales. Al llegar a Dry Fork, la diligencia se queda sin la protección del ejército; aún así, los viajeros acuerdan seguir adelante. Durante el trayecto, Dallas sufre el desprecio de todos, especialmente el de Lucy Mallory; sólo Ringo, ignorante de su oficio, la trata con respeto y ambos se enamoran. En la siguiente parada, Apache Wells, la Sra. Mallory, al enterarse de que su marido ha sido herido, se pone de parto. El doctor, pese a su borrachera, logra serenarse y atenderla, ayudado por Dallas. Nace una niña y Ringo al descubrir el instinto maternal de Dallas, le propone matrimonio. Dallas, emocionada, le convence para que renuncie a su venganza y huya. Sin embargo, al ver las señales de humo de los apaches, Ringo decide quedarse para proteger la diligencia. Atacada por los hombres de Gerónimo, la diligencia emprende una desenfrenada carrera hacia Lordsburg, defendida por Ringo, Buck, Curly, Hatfield y el doctor, que no tardan en quedarse sin municiones. Hatfield decide reservar su última bala para Lucy, pero recibe un balazo y la caballería acude al rescate haciendo huir a los apaches. Una vez en Lordsburg, cada viajero deberá enfrentarse a su propio destino.


       Se dice que con La diligencia, el western se hizo adulto, se hizo arte, se consolidó como género dejando de ser considerado mero entretenimiento. La historia con la que Ford lograba esta hazaña reflejaba la dureza de la vida fronteriza en los territorios que el hombre blanco trataba de arrebatar a los indios, donde los verdaderos héroes surgían de lo más bajo de la sociedad, individuos rechazados y humillados, que lograban redimirse gracias a su coraje y a su sacrificio. Cada personaje del film representa un símbolo de esa sociedad, por ello, más allá de la redención individual de cada personaje, la película de forma indirecta nos habla de la redención colectiva de esa nueva nación que se estaba forjando. En definitiva, se trata de la victoria de los valores humanos sobre los prejuicios políticos, sociales, económicos o morales. De modo que los protagonistas de la película se redimen a sí mismos y se redimen como grupo al comprender que para sobrevivir en una tierra salvaje deben permanecer unidos frente a la adversidad.

       Basado en el relato Diligencia a Lordsburg de Ernest Haycox —inspirado a su vez en la novela corta de Maupassant Bola de sebo—, el guión de Dudley Nichols, escrito con la colaboración no acreditada de Bent Hecht, recoge elementos de ambas narraciones para crear una metáfora de cómo una nación se regenera tras sufrir una guerra civil (la guerra de secesión americana) mediante el esfuerzo conjunto de todos sus ciudadanos, que logran dejar a un lado sus diferencias para hacer frente al desafío de volver a ser una sola entidad. En el caso de La diligencia, la sociedad respetable y la marginal se ven obligadas a convivir, bajo una amenaza llamada Gerónimo.


       «Doc: Gerónimo, ese es el nombre de nuestro verdugo. Ha escapado de la reserva. Está en pie de guerra.»

       En esta tierra salvaje, el fuera de la ley se convierte en la autoridad, erigiéndose en líder del grupo. Ringo impone el orden entre los viajeros y arriesga su vida para defender la diligencia, porque él es el único que sabe luchar como un salvaje. Los soldados de caballería, defensores de la sociedad, abandonan la diligencia a su suerte cuando todos los viajeros se encuentran divididos por cuestiones políticas o sociales, sin embargo, acuden a su rescate cuando el orden y la unión se han restablecido entre ellos, es decir, cuando se han transformado en algo que merece ser protegido. El séptimo de caballería acudiendo al rescate de los civiles llegaría a constituirse en lugar común de la mayoría de los westerns.


       Del mismo modo, la redención de los personajes de forma individual se produce cuando han demostrado ser valiosos como miembros del grupo. Ringo, el preso fugado, se redime cuando sacrifica su libertad para defender la diligencia. La intolerante Lucy Mallory se redime de su arrogancia cuando comienza a tratar a Dallas como a su igual, una vez que Dallas se ha redimido al demostrar su entrega y generosidad protegiendo al bebé. Asimismo, el borracho doctor Boone se redime al demostrar su valía como profesional trayendo al mundo a la niña y salvando la vida de Peacock. A su vez, Peacock, que como vendedor de whisky contribuye al alcoholismo de los ciudadanos, se redime al terminar suplicando a un alcohólico que deje la bebida. Hatfield, el caballero tahúr, se redime arriesgando su vida para proteger a una dama. Curly, el comisario, se redime al dejar escapar a Ringo, inocente del crimen por el que se le condenó. Buck, el cochero cobardica, se redime con su heroica actuación ante el ataque apache. El único personaje que no evoluciona a lo largo del film es el banquero Goodwell, estafador y ladrón, un personaje insufrible, que molesta a todos los pasajeros con su agresividad verbal, pero que termina siendo silenciado por el doctor de un puñetazo —es decir, el médico le aplica su medicina—. El banquero como figura negativa era bastante habitual en el cine de Ford. El banquero fordiano es un siervo absoluto del dinero, su codicia y su egoísmo no se detienen ante nada. Ni la ley ni su país ni su familia ni la compasión tienen ninguna importancia para él. Gatewood está convencido de que por ser un hombre de negocios tiene derecho a hacer lo que quiera sin rendirle cuentas a nadie.


       «Gatewood: ¡No sé adónde va a ir a parar el gobierno! En vez de proteger a los 
hombres de negocios se dedica a meter las narices en nuestro trabajo. Válgame, si hasta están hablando de inspectores bancarios… Como si no supiéramos llevar nuestros propios bancos. ¡Hasta me llegó una carta de algún funcionario entrometido diciéndome que iban a inspeccionar mis libros! Tengo un programa, caballeros, que debería ser enaltecido en todos los periódicos del país. ¡América para los americanos! ¡Hay que impedir que el gobierno se entrometa en los negocios! ¡Que reduzcan los impuestos! ¡La deuda nacional es un escándalo! ¡Más de mil millones de dólares! ¡Lo que necesita el país es un hombre de negocios como presidente!
       Doc Boone: Lo que el país necesita es más bebida.»

       Resulta fascinante que sea, precisamente, el personaje más intelectual, el doctor, quien silencie al banquero y que sea el defensor de la ley, el sheriff, quien le ponga entre rejas. Todo un alegato de Ford en favor de seguir el consejo dado por Tucídides a todas las naciones del mundo: No separar a los intelectuales de los guerreros.

       El banquero, que representa a una de las clases más altas de la sociedad, es apartado de ésta, por romper una y otra vez la armonía social que los demás personajes tratan de recomponer durante el viaje. La recuperación de la armonía social es tan importante en el film que, llegado el momento del duelo, entre Ringo y los Plummer, Ford evita recrearlo en imágenes, realizando una inteligente elipsis que nos muestra tan solo el resultado del mismo. Al fin y al cabo, todo duelo implica violencia, la cual siempre es desarmonía.


       El guión mantiene la crítica del relato de Maupassant a la hipocresía de la sociedad, que valora a sus individuos en función de su estatus socioeconómico sin tener en cuenta sus valores humanos. Bola de sebo mostraba una sociedad dividida entre ciudadanos respetables, clasistas y cobardes, y ciudadanos marginados, dispuestos a sacrificarse por los demás; de estos últimos adviene la redención de la sociedad. Este recurso ha sido muy utilizado en el western, donde era frecuente que el personaje expulsado de la sociedad por los que representaban la ley y la moral —en la película, la Liga de las Damas en favor de la Ley y el Orden— era el que terminaba salvando dicha sociedad. Estos personajes siempre buscaban regresar al seno de la civilización, aunque nunca lo consiguieran, ni siquiera constituyéndose en sus salvadores; sin embargo, Dudley Nichols da un giro a este recurso logrando la redención de estos personajes marginados que, con su amor y generosidad, logran crear una nueva sociedad que finalmente los acepta. El mismo Ford, como extranjero irlandés, siempre luchó por ser aceptado en la sociedad americana, aunque a menudo se manifestara en contra de sus dirigentes. Lo paradójico del final de La diligencia es que una vez que la sociedad vuelve a aceptar a la prostituta y al fuera de la ley, ellos se alejan de ella de forma voluntaria. Dando la impresión de que Ford cuestionaba las ventajas de vivir en sociedad, decantándose por la vida salvaje.

       «Doc: Bueno, eso les ahorrará las bendiciones de la civilización.»



       En cualquier caso, el amor entre Ringo y Dallas está basado en todo momento en el deseo de fundar una nueva familia, tras haber perdido cada uno la suya de forma violenta. Y la familia es el símbolo por excelencia de la armonía social y el lugar favorito de Ford en el que ambientar los conflictos dramáticos de sus películas.

       Del relato de Haycox, el guión mantiene la mayoría de los hechos básicos que estructuran la historia y también conserva algunos de sus personajes; la esposa embarazada del militar, el jugador, el vendedor de licores, el fuera de la ley y la prostituta. Pero estos personajes, algunos típicos del western, son tratados por Nichols con un enfoque diferente, que los aleja del estereotipo: La prostituta es una buena chica, el fuera de la ley es un joven ingenuo y honesto y el banquero es un sinvergüenza. En realidad, John Ford compró los derechos del relato de Haycox precisamente por sus personajes. Y si hay algo que caracterice el guión de La diligencia es la profundidad psicológica de los mismos y la mezcla de poesía y humor de sus diálogos.


       «Doc: No soy solo un filósofo, también soy un fatalista. En algún lugar, en algún momento, aparecerá la bala apropiada o la botella equivocada para Josiah Boone. ¿Para qué preocuparse por el cuándo o el cómo?
       Curly: ¿Sí o no?
       Doc: Poseedor de esta sabiduría, señor, siempre he cortejado el peligro. Durante la reciente guerra… en la que tuve el honor, señor, de servir a la Unión… a las órdenes de nuestro gran presidente Abraham Lincoln… y el general Phil Sheridan combatí entre las balas, la metralla y el rugido de los cañones…
       Curly: ¿Quiere usted regresar o no?
       Doc: ¡No! Quiero otro trago.»

       El cine de Ford acostumbraba a narrar relatos enmarcados en la historia de los Estados Unidos, de modo que sus héroes y sus argumentos estaban siempre relacionados con algún aspecto histórico. John Ford se consideraba a sí mismo como un director de Westerns y a través de este género entró en contacto con los dos aspectos claves de la historia de los Estados Unidos, la guerra de secesión y la colonización del Oeste. El tema principal de la mayoría de sus westerns mostraba la dificultad de vivir a caballo entre el territorio civilizado y el territorio salvaje, con la consecuente confrontación con los indios —es decir con la adversidad—. En el film que nos ocupa, los viajeros abandonan la protección de la ciudad para adentrarse en la aventura de lo desconocido y lo salvaje. Y lo hacen para conseguir sus objetivos.

       «Doc: Nos van a arrancar la cabellera a todos, Gatewood, seremos masacrados de un vil plumazo. Por eso nos acompañan los soldados.»


       Otra de las características de su cine es la belleza visual de sus imágenes, siempre unidas a una gran sencillez. La diligencia avanzando por el impresionante paisaje de Monument Valley adquiere bajo la batuta de Ford una identidad legendaria y romántica, que la convierte en un personaje más de la historia. Ford era un gran director de exteriores que supo solventar el estatismo propio de una historia que transcurría en gran parte en el interior de una diligencia con su enorme habilidad para encuadrar y componer unos planos cargados de dinamismo. Poseedores a su vez de una estética tan sobria y tan bonita que conecta las imágenes de Ford con la pintura. De tal forma que su filmografía queda reflejada en la pantalla con una estética cinematográfica propia.


       Esta sencillez artística se corresponde con su predilección por hacer avanzar las historias de forma lineal. Identificando lo relevante de la historia y desechando todo lo superfluo para lograr una puesta en escena, unos planos y un montaje siempre al servicio de la fluidez narrativa. Ford reduce el pasado de Dallas o el de Ringo a meras pinceladas, sólo lo necesario para que el espectador intuya la soledad y el sufrimiento que ambos protagonistas tienen en común.

       «Ringo: Mi padre y mis hermanos fueron abatidos a tiros por los Plummer. Supongo que usted no sabe lo que es perder así a la familia de uno.
       Dallas: Perdí a la mía cuando era una niña. Hubo una masacre en las montañas.
       Ringo: Eso es muy duro, especialmente para una chica. Es un país duro.
       Dallas: Hay que seguir adelante pase lo que pase.»

       Esta linealidad narrativa aportaba una gran fluidez a sus historias. En el caso de La diligencia, el director logra imponer un ritmo perfecto al film, con una acción que nunca decae, pese a su planteamiento básicamente teatral. Ejemplo de ello es la impresionante secuencia del ataque apache a la diligencia, que se lanza a una carrera desesperada por alcanzar la ciudad antes de ser apresada por los indios. Tim Burton parece haberse inspirado en dicha secuencia para rodar en Sleepy Hollow (1999) la persecución del jinete sin cabeza a la carroza, desde cuyo techo Johnny Deep se enfrenta a él a todo galope. El especialista Yakima Canutt, que solía doblar a John Wayne en las escenas de acción, se convirtió en leyenda, al rodar dentro de esta secuencia la mítica escena en que salta desde su caballo sobre los caballos que tiran de la diligencia a gran velocidad. Se dice que Ford necesitó tomarse un trago después de rodar dicho instante porque temía que Yakima se matara. Pero durante el ataque apache se produce otra inolvidable proeza de Yakima, me refiero al momento en que cae entre las patas de los caballos de la diligencia y pasa por debajo de ésta apareciendo por la parte trasera. Escena homenajeada por Spielberg en su primer Indiana, En busca del Arca perdida (1981), donde el Dr. Jones se arrastra bajo un camión saliendo ileso por la parte trasera.


       La maravillosa narrativa de Ford se caracteriza, no sólo por su fluidez, sino también por su profunda mirada poética, sobre todo a la hora de fotografiar a sus personajes. Ford realizaba en imágenes un verdadero estudio de sus protagonistas,  dando mucha importancia a sus rostros y sacando grandes miradas a sus intérpretes. Presentaba a sus protagonistas con grandes entradas que transmitían al público quién era el personaje desde el primer fotograma. Ford presenta al fuera de la ley, Ringo Kid, que posteriormente se erigirá en héroe, solo y sin caballo en territorio apache con la única compañía de su rifle, dejando claro desde el principio de qué pasta está hecho. Por otra parte, nos presenta a Dallas caminando por una calle de la ciudad con su maleta en la mano, escoltada por el sheriff y por un grupo de puritanas que la siguen de cerca con gesto severo. Y por si hubiera quedado alguna duda de quién es la chica, al subirse a la diligencia se levanta la falda desafiando a los hombres que le silban.

El mismo doctor 
Boone está borracho ya desde su primera aparición, pero eso sí exultante de dignidad.

       «Dallas: ¿Qué he hecho, Doc? ¿Acaso no tengo derecho a vivir?
       Doc: Nos ha abatido una repugnante enfermedad llamada prejuicios sociales, hija mía. Estas queridas Damas de la Liga en favor de la Ley y el Orden están limpiando la escoria de la ciudad. Vamos, sé una escoria orgullosa y exultante como yo.
       Sheriff: Cállese, doctor. Está usted borracho.
       Doc: Exultante, señor.»

       De ese modo, Ford presenta a los tres marginados con los que se dispone a realizar a lo largo de su narración una verdadera exaltación de aquellos que son humillados y despreciados por la sociedad. Tema recurrente en sus films, donde mediante el humor, el romanticismo y la aventura, este director duro y poético nos invitaba a superar los prejuicios sociales y a aceptar que nuestra condición humana nos hace a todos iguales. En este sentido el film supone un claro ataque al puritanismo y al clasismo de la sociedad.


       «Ringo: Se diría que tengo la peste, ¿verdad?
       Dallas: No… no es usted.
       Ringo: En fin, supongo que uno no puede fugarse de la cárcel e incorporarse a la sociedad en la misma semana.»

       El perfeccionismo de Ford le conducía a un sistema de rodaje que consistía en realizar muchos ensayos y pocas tomas, obteniendo unas escenas tan naturales que parecían improvisaciones pero que no eran sino el resultado de un arduo trabajo de planificación. Ford solía usar a los mismos colaboradores, actores, técnicos y guionistas en la mayoría de sus films lo que provocaba un cierto halo de familiaridad en los mismos, algo muy apropiado para su cine, siempre interesado en la familia como núcleo dramático. En La diligencia aparecen dos padres de familia, Buck y Peacock, cuya aparente cobardía no es sino preocupación por conservar la propia vida para sustento de su prole. No olvidemos la desgracia que la pérdida del cabeza de familia podía suponer para la viuda y los hijos en el Lejano Oeste.


       «Peacock: Yo… Yo quisiera seguir adelante, hermano, quiero regresar al seno de mi querida familia en Kansas City, Kansas, lo antes posible… Pero tal vez no consiga regresar a ese seno si seguimos adelante. Dadas las circunstancias… Yo… compréndame, prefiero volver con los senos… quiero decir, con los soldados.»

       Al gusto de Ford por la sencillez, debe sumarse su predilección por los detalles que dan profundidad a las subtramas, perfectamente estructuradas, de cada uno de sus personajes, puesto que cada uno de ellos tiene un objetivo que cumplir y un obstáculo que superar. Podemos citar como ejemplo, el vaso de plata que Hatfield ofrece a Lucy para que beba agua, en el que ella reconoce el escudo de su familia, pero Hatfield no quiere que el buen nombre de su familia se vea empañado por su actual profesión y miente.

       «Lucy: ¿Dónde he visto yo antes esta inscripción? ¿No procede esto de Ringfield Manor?
       Hatfield: No sabría decirle, Sra. Mallory. Gané este vaso en una apuesta.»


       Otro ejemplo sería el detalle de las tres balas que Ringo esconde en su sombrero para utilizarlas contra los tres hermanos Plummer. También resulta interesante el detalle de que Luke Plummer, cuando está jugando al póker en el salón y se entera de que Ringo ha llegado al pueblo, tenga en su poder la jugada llamada «mano del muerto» —una doble pareja de ases y ochos—, considerada de mala suerte porque, según la leyenda, era la que llevaba Wild Bill Hickock cuando un delincuente se le acercó por detrás y le mató de un disparo en la nuca. Inteligente anticipación de la muerte de Luke.

       La diligencia, primer papel importante de John Wayne, supuso su lanzamiento definitivo al estrellato y el principio de una larga colaboración con el director, con el que rodaría unas catorce películas convirtiéndose en el rostro más distinguible de su filmografía, así como en el protagonista más icónico del western. En el rol de Ringo Kid, vemos a un John Wayne muy diferente del mito en que llegaría a convertirse. Su manera de balancearse al andar aún no se apreciaba y su rostro aún no estaba surcado de esas arrugas que le darían ese carisma tan imponente, el de un hombre al que nadie dudaría en confiar su vida. Sin embargo, lo que sí poseía ya era esa presencia con la que transmitía las virtudes de todo héroe de aventuras que se precie, valor, generosidad, liderazgo, nobleza y apostura. Wayne realiza una interpretación conmovedora que concilia con acierto el temple de un héroe con la ingenuidad de un joven enamorado por primera vez.


       «Dallas: ¡Usted no me conoce! ¡No sabe quién soy!
       Ringo: Sé todo lo que necesito saber. Es usted el tipo de chica con el que un hombre querría casarse.
       Dallas: ¡No hable así!»

       Claire Trevor, espléndida actriz, cuya profunda mirada parecía reflejar todo el misterio dramático de la femineidad universal, encarnó a la tierna Dallas con una humildad desoladora que aportaba dignidad a un personaje acostumbrado al desprecio y a la humillación. Destaca su apasionada desesperación cuando cree que Ringo ha muerto. Y sus fugaces miradas a Ringo en la diligencia, con las que nos hacía sentir el pudor de la prostituta a mostrarse ante los demás románticamente atraída por un joven, como si el amor le estuviera prohibido.


       «Dallas: Ringo me ha pedido que me case con él. ¿Es eso malo para una chica como yo? Si un hombre y una mujer se aman todo está bien, ¿no es así, Doc?
       Doc: Te van a hacer daño, muchacha, más daño del que te hayan hecho nunca. ¿No sabes que ese chico va de vuelta a la cárcel? Además, si los dos vais a Lordsburg… juntos, él lo descubrirá todo sobre ti.»

       La química con John Wayne, a pesar de la diferencia de estatura, desbordaba respeto y complicidad, invistiendo a la pareja de un futuro lleno de posibilidades. Juntos, visualmente, formaban ya una familia.


       En general todo el elenco realizó notables interpretaciones, destacando la de 
John Carradine, perfecto en sus maneras de caballero, acompañadas de ciertas miradas y sonrisas cargadas de cierta vileza obtenida tras su paso por la guerra. También cabe destacar la interpretación de Louise Platt, en su rol de Lucy Mallory, una actriz que por sus rasgos y su patetismo dramático evocaba a nuestra Aurora Bautista.

Pero sería 
Thomas Mitchell quien se alzara con la estatuilla en la ceremonia de los Oscars, como mejor actor de reparto, por su divertida y convincente interpretación del culto y borrachuzo Doc Boone, capaz de bromear ante la adversidad, de cumplir con su profesión con eficacia y de permitirse gestos heroicos como el de impedir que Luke Plummer saliese al encuentro de Luke con su escopeta.

       «Doc: Me quedaré con esa escopeta, Luke.
       Luke: Se quedará con un tiro en el estómago si no se quita de en medio.
       Doc: Si puede soportar la clase de whisky que sirven aquí, podrá soportar el plomo. Haré que te condenen por asesinato si sales a la calle con esa escopeta.
       Luke (arrojando la escopeta sobre la barra): Bien, ya me ocuparé de usted luego.
       Doc (Al tabernero): No vuelva a permitir jamás que haga una cosa así.»

       El film obtendría también un Oscar a la mejor banda sonora, a pesar de estar ésta basada en adaptaciones de canciones y melodías americanas. Era la primera vez que la academia premiaba la música de un western. La partitura era el resultado de la labor conjunta de varios músicos, Richard Hageman, Franke Harling, John Leipold y Leo Shuken. La diligencia obtendría también otras cinco nominaciones: Mejor película, mejor director, mejor dirección artística, mejor fotografía y mejor montaje. Todo un éxito tratándose de un western.


       El mérito de Ford, más allá de todos sus logros como realizador de esta obra 
maestra, radica en su valiosa demostración de cómo ante un peligro de muerte las clases sociales y las diferencias políticas desaparecen, de nada sirven el dinero, la caballerosidad, la clase o el prestigio; simplemente hay quienes ayudan a los demás y quienes solo saben quejarse y ocuparse de sí mismos. Y todos sabemos distinguir a cuál de estos dos grupos pertenecen los verdaderos héroes. Ford nos muestra esa particular idiosincrasia de la sociedad americana, siempre dispuesta a absolver a todos aquellos marginados que, con su coraje y osadía ante la adversidad, demuestran su valía como ciudadanos. El mismo Ringo, como representante de la nueva nación, al descubrir la profesión de Dallas mantiene su propuesta de matrimonio, porque ya sabe la clase de mujer que es ella en realidad.

       «Dallas: Bueno, Ringo, ya… ya te dije que no me siguieras. (Ella se aleja de él)
       Ringo: ¡Dallas! Te pedí que te casaras conmigo, ¿no es así?
       Dallas: Jamás olvidaré que me lo pediste, Ringo. Eso ya es algo.
       Ringo: ¿Ves estas cicatrices? Son de las esposas… Las cicatrices acaban desapareciendo, Dallas. No pienso darte la oportunidad de que me olvides.»